María Blasco: “Hemos detenido el crecimiento de tumores muy agresivos”

La directora del CNIO y miembro de la Selección Española de Ciencia, María Blasco, explica a Quo, cómo su equipo ha logrado detener el desarrollo cancerígeno. Bloquear en las células cancerosas una proteína que protege los telómeros y la carga genética que ellos contienen ha sido la clave de esta investigación pionera.

María Blasco, directora del CNIO.

María Blasco, directora del CNIO.

– Qué supone esta investigación en la lucha contra el cáncer?

Una de las propiedades más universales del cáncer es el hecho de que sus células se dividen de manera indefinida e inmortal, mientras que las sanas no. Y esto lo hacen gracias a que mantienen una especie de escudos protectores llamados telómeros, que son los que protegen los cromosomas. Intentar atacarlos ha sido uno de los objetivos de la investigación tumoral en las últimas décadas. Y hasta ahora la manera de hacerlo ha sido inhibiendo una enzima que se llama telomerasa. Ya se están realizando ensayos clínicos basados en esta estrategia, pero los resultados no son todo lo buenos que se esperaban porque pasa más tiempo del deseable hasta que los telómeros se erosionan por completo. Es decir, no tiene un efecto inmediato. Desde hace cuatro años, en el CNIO estamos investigado también con otra técnica basada en atacar una de las seis proteínas que forman el escudo protector de los telómeros, es decir, las shelterinas, del inglés shelter. Hemos bloqueado una de ellas, la TRF1 y con ello hemos eliminamos por completo la protección de los telómeros de las células del cáncer. Es decir, en las pruebas realizadas con ratones, hemos conseguido que las células del cáncer dejen de vivir. Hemos detenido el crecimiento de tumores ya formados que progresaban de forma muy agresiva. Al quitar la proteína TRF1 bloqueamos su crecimiento.

– ¿Sería posible eliminar esta proteína en el estado embrionario para evitar el cáncer?

No. Se puede bloquear temporalmente con efectos tolerables, pero si se eliminara en etapa embrionaria o de forma definitiva en un individuo sería probablemente letal. Es básica en el mantenimiento de los telómeros y, por tanto, esencial para la vida.

– ¿Por qué se ha actuado sobre la TRF1 en concreto?

Hay seis proteínas. De ellas, cinco son absolutamente esenciales para que se forme el escudo protector de los telómeros. Se podría haber quitado cualquier de estas cinco, pero si elegimos TRF1 es porque es la más estudiada y la más conocida y porque actuando sobre ella inhibimos a su vez el desarrollo de las células madre del cáncer, responsables de que los tumores vuelvan a crecer una vez que se han eliminado.

– Supone este descubrimiento que se abandona la investigación en la telomerasa.

No. Son dos líneas de trabajo complementarias. De hecho, se están haciendo ensayos clínicos con inhibición de telomerasa en pacientes de cáncer. Ahora planteamos una estrategia nueva. No se había probado nunca. Lo que más nos convence es que su efecto es instantáneo, inmediato. Es decir, los tumores dejan de crecer. Sin embargo, cuando en el mismo modelo se eliminó la telomerasa, no se detuvo el crecimiento tumoral. Hubo que esperar hasta que los telómeros se acortaron para ver el resultado. Lo bueno de bloquear las shelterinas es que su efecto es mucho más potente. Y eso es lo que nos gusta.

– ¿Podría utilizarse esta estrategia como tratamiento de choque para, en un segundo estadio, continuar con inhibidores de telomerasa?

Podría ser. El cáncer ya no se trata con un solo fármaco, sino con combinaciones de ellos, etc. Aquí lo que estamos haciendo en poner sobre la mesa una manera nueva de atacar los telómeros.

– ¿Se va a implicar la industria farmacéutica con la creación de un tratamiento basado en esta investigación?

En el CNIO tenemos una Oficina de Transferencia de Tecnología y una Dirección de Investigación muy activa. De hecho, nosotros hemos desarrollado ya moléculas que son capaces de inhibir TRF1. Nuestra forma de trabajar consiste en crear fármacos hasta un estadio en el que resulta interesante licenciarlo por parte de la industria farmaceútica y sobre el que nosotros no podemos avanzar más. Los ensayos clínicos en humanos requieren un tipo de inversión que el CNIO no puede asumir. Lo que sí podemos hacer es buscar partners en la industria farmacéutica que estén interesados en trabajar en esta línea. Se trata de hacerlo en colaboración o con un acuerdo de licencias. Muy pocos centros de investigación tienen un programa de desarrollo de fármacos como lo tiene el CNIO.

– ¿De dónde viene el nombre TRF1?

Fue una proteína que la investigadora de origen holandés Titia de Lange encontró en los años 90. TRF1 viene del Telomere Repeat Binding Factor.

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