Cómo sacar un dinosaurio de España sin levantar sospechas

Imagina que te vas de viaje y que te quieres llevar un dinosaurio cualquiera, un Concavenator, por ejemplo. Sus seis metros no caben en la maleta, los asientos de las aerolíneas, aunque sean en business, no son lo suficientemente amplios. Llevártelo dando un paseo no parece lo más adecuado y la teletransportación todavía no es viable, a pesar de los trabajos de físicos cuánticos como Ignacio Cirac y Pedro Miguel Echenique. Pero, probablemente, lo más importante es que no sea legal.

Lo más lógico, ante tanta dificultad, es tomar todas las precauciones necesarias, tanto físicas como administrativas. Así, al menos han hecho los paleontólogos José Luis Sanz y Francisco Ortega con más de 200 ejemplares que se han llevado a Japón para exhibirlos en la exposición “Dinosaurios maravillosos de España”. Todos, procedentes de los yacimientos de Las Hoyas y Lo Hueco, en Cuenca y exhibidos habitualmente en el Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha

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Hacerlo no es fácil. Con un antigüedad de más de 120 millones de años en el caso de Las Hoyas y unos 75 millones de años en el caso de Lo Hueco, solo empresas especializadas en el transporte de objetos patrimoniales pueden llevar a cabo la tarea. El primer paso es determinar las piezas que se desean sacar de España y solicitar la aprobación de la Administración a la que pertenezca el bien, en este caso la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, que a su vez debe solicitar un permiso para su exportación a la Junta de Calificación Valoración y Exportación de Bienes del Patrimonio Histórico Español del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Una vez concedido, se debe tener en cuenta que un material de este tipo no puede ser movido de forma amateur. En el caso de la muestra de Japón, Yomiuri Shimbun, la empresa de medios de comunicación que financia los gastos de la exposición se inclinó por contratar los servicios de dos compañías especializada en este tipo de procesos: SIT en España y Nippon Express en Japón.

Pero estas empresas no actúan solas. Junto a sus expertos está la figura del “correo”. Se trata este de una figura que representa al titular de los bienes a trasladar y que se encarga de velar por la seguridad de todo el proceso. En el caso de la exposición de Japón, la función de correo ha sido ejercida por un representante de la administración y por un paleontólogo, encarnado en esta ocasión en el especialista Francisco Ortega. Como expertos, ambos han apoyado y vigilado las condiciones del traslado, incluido el proceso de embalaje en unas cajas acorazadas de madera con un sistema de bandas de ethafoam, una especie de esponja rígida en la que se talla el contorno de cada una de las piezas. Esta operación se hace manualmente con una precisión y un cuidado llamativo, ejemplar por ejemplar, tomando medidas, recortando con una herramienta similar a un cúter…Es un proceso artesanal en el que se apilan hasta cuatro o cinco capas de ethafoam. Seguramente dentro de poco lo hará un escáner en 3D e imprimirá luego el hueco a medida. Pero, de momento, el proceso pasa por medir calibre, cortar con el cúter, probar, sacar, recortar, volver a probar, meter una cuña… Los ejemplares más delicados, como por ejemplo un Ibermesornis, un fósil de apenas 20 x 10 x 2 cm, se introducen en cajas de metacrilato, se acolchan y se cierran con tornillos. Los más voluminosos se encastran en la base de ethafoam y todo el material se ajusta a continuación con listones dentro de cajas de madera de 1,5 ó 1,5 m, e incluso de 2 x 1 m. Al desembalar, se ve cómo, según se quitan capas y desatornillando tablones, van saliendo las piezas que hasta ese momento estaban ahí, como flotando en el ethafoam, ajenas a las vibraciones del transporte.

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Este efecto se consigue acolchando el fondo, colocando el fósil en el centro y aprisionándolo con la esponja rígida en aquellos lugares que admiten cierta presión con el fin de crear una cápsula que mantenga libres las partes más delicadas.

Todas las cajas van precintadas con un número identificativo. Al llegar al destino, el correo vigila el desprecintado de las contenedores y certifica que los objetos han llegado en las condiciones que salieron de origen. En caso contrario, indica las modificaciones o cambios que se han producido durante el trayecto. La institución que lo recibe se responsabiliza del buen estado de los objetos hasta que se acaba el tiempo de custodia y vuelven a viajar en avión de retorno a España. “en este caso, consideramos que es mejor que hacerlo en barco”, explica Francisco Ortega. “Aparte de porque tardaría mucho en llegar, porque las condiciones de un viaje en barco son mucho más duras; hay que tomar muchas más precauciones. En el caso del transporte aéreo tienes mejor controlado todo el proceso. Conoces las condiciones de la bodega, del puerto al que van a llegar… Nosotros, de todos modos, incorporamos un registrador de datos, un “data logger”, que va almacenando los datos de temperatura y humedad. Si esa gráfica se altera, podemos ver en qué momento ha ocurrido”.

Pero ¿y si algo pasa? Antes de iniciar el viaje hay que tasar y asegurar cada pieza, una tarea complicada teniendo en cuenta que en este viaje a Japón no solo han traslado dinosaurios completos, sino también holotipos, es decir ejemplares que representan a una especie y que se utilizan como referencia para establecer la determinación del reso de los individuos de su especie. Es necesario tratarlos con extremo cuidado porque si algo les pasara, si desaparecieran, se iría con ellos la referencia. De Las Hoyas han salido para Japón holotipos de Ibermesornis, Concornis, Eoalulavis, Pelecanimimus y Concavenator, además de insectos, peces y plantas. Y del yacimiento de Lo Hueco, cocodrilos, tortugas y restos de dinosaurios carnívoros o saurópodos titanosaurios que, muy probablemente   se convertirán también en holotipos cuanto se complete su estudio.

Dinosaurios maravillosos de España ya ha sido expuesta en el Museo de los Dinosaurios de la Prefectura de Fukui y podrá verse en el Museo de Historia Natural de Osaka en Japón, hasta finales de mayo. En junio se trasladará a Fukuoka, donde se exhibirá hasta septiembre en el Museo de Historia Natural e Historia Humana de Kitakyushu.

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